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Para Leer: 1808 y la independencia americana @tribunito

Sunday, February 14, 2010 , Posted by LATINO EVENTS Y TESPIS MAGAZINE at 11:53 AM

La invasión napoleónica a España en 1808 aceleró y definió el proceso independentista en América. 2010 marca el hito del Bicentenario del comienzo de ese proceso: 1810 ve la proclamación de Independencia de varios países, proceso que termina en Ayacucho en 1825. El periódico La Tribuna de Honduras tiene este artículo analizando un poco, no solo ésta dinámica sino también la cierta fluidez en las alianzas de pro-franceses, patriotas, fernandinos y rebeldes americanos y peninsulares en ambos lados del Atlántico y la ayuda a la causa española con recursos americanos, entre otras cosas. Buena lectura!

"Entre el levantamiento del 2 de mayo madrileño y el golpe de Estado con el que se encontró el capitán general de Venezuela, Vicente de Emparan, el 19 de abril de 1810, se incubaron las actitudes de extrema lealtad y extrema rebeldía que tuvieron los bandos contendientes en las guerras de emancipación. Esta afirmación, por extraño que parezca a primera vista, es compatible con la constatación del mantenimiento primordial del edificio institucional de la Monarquía española hasta el momento en que los españoles americanos debieron asumir, durante los primeros meses de 1810, que la resistencia de los patriotas peninsulares ante las tropas de Napoleón estaba a punto de terminar o que, para cuando les llegaran noticias fidedignas, habría cesado por completo. Como ha señalado el historiador Manuel Chust, “la gran diferencia entre 1808 y 1810 es la influencia determinante que tiene la derrota del Ejército español sobre la toma de decisiones estratégicas de los dirigentes españoles o de las fracciones del criollismo autonomista, que será interpretada en América como el paso inmediato para que el rey José reclame su patrimonio americano”.
Los avatares de la Guerra de Independencia española tuvieron una influencia determinante en el proceso político americano. En primer lugar porque,

ante un vacío de poder real o supuesto, facilitaron un modelo de creación de nuevas autoridades políticas fundado en la tradición, a través de cabildos abiertos de origen medieval y de juntas de gobierno depositarias de soberanía. Según el patriota y jurista fundamental que fue Gaspar Melchor de Jovellanos, estas nacieron al amparo del derecho de insurrección de que gozaba el pueblo por sus leyes fundamentales y en situación extraordinaria, pues estaba privado de su rey y oprimido por el francés. Así lo formuló en la memoria en que se rebaten las calumnias divulgadas contra los individuos de la junta central del reino, publicada en La Coruña en 1811. Hombres de leyes americanos de prestigio, como el venezolano Juan Germán Roscio, concibieron desarrollos locales concretos, al postular en ausencia del monarca la reversión o retroversión de la soberanía popular a las juntas. O la existencia de un contrato de los pueblos de América directamente con el monarca, que había sido puesto en vigor en el siglo XVI por los conquistadores, y no con “los pueblos de la península europea”. En segundo término, el conflicto en la metrópoli perfiló unos modos de combate con milicias, sitios y guerrillas que, incluso con los mismos protagonistas, se repitió en América desde 1810. Aunque es preciso recordar que ya se habían presentado de manera inequívoca en la acometida británica contra el Río de la Plata de 1806 y 1807.
Un capítulo ignorado de la historia de la Guerra de Independencia española atañe al sostenimiento de la resistencia de los patriotas, al menos en parte, con dinero y recursos americanos, mientras otro no más conocido alude a la participación en ambos bandos, patriota y afrancesado, de españoles americanos. Entre ellos figuraron los ilustres neogranadinos Francisco Antonio Zea y Pedro Antonio Valencia, ambos prefectos afrancesados de Málaga. Este último fue además secretario de la Junta de gobierno instaurada por los josefinos, consejero de Estado, conde y coronel condecorado, antes de acabar fusilado como patriota americano en Bogotá en 1816. Otro caso importante fue el del mexicano José María de Lanz, fundador de los ingenieros civiles, prefecto de Córdoba y exiliado a Francia como josefino en 1812."
Termina de leer el artículo en La Tribuna

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